Litio: nuevos planes de industrialización despiertan incertidumbre

Litio: nuevos planes de industrialización despiertan incertidumbre

A fines de abril de este año, el presidente ejecutivo de Yacimientos de Litio Bolivianos (YLB), Carlos Ramos Mamani, presentó en audiencia pública los planes que tiene el gobierno para las reservas de litio que posee el país, entre ellos la conclusión de la planta industrial en el salar de Uyuni, la construcción de una más en Coipasa, así como el inicio en la exploración en el salar de Pastos Grandes.

El presidente de la empresa estatal también informó sobre un acuerdo firmado con el consorcio chino Catl Brunp and Cmoc (CBC), además de un cambio en el sistema de explotación de los salares.

Los anuncios despertaron más dudas que certezas sobre el futuro de la exploración, explotación e industrialización de litio en Bolivia, un recurso considerado estratégico para la transición energética que se impulsa en el mundo, debido a que es un material necesario para la fabricación de baterías que se usan, entre otras cosas, en los autos eléctricos.

LOS RIESGOS AMBIENTALES DE LA EXPLOTACIÓN DEL LITIO

Desde que, en 2008, el entonces presidente Evo Morales nacionalizó la producción de litio en Bolivia y anunció su industrialización por parte del Estado, las expectativas que generó este mineral no se concretaron como se esperaba.

“La historia de la construcción de la planta industrial en el salar de Uyuni empezó en el 2008 y recién este año van a terminar de construirla”, comenta Jorge Campanini, investigador del Centro Documental de Información de Bolivia (Cedib). Más allá de los 15 años que está tomando la construcción de esta planta, lo que preocupa al investigador es el cambio en el sistema de producción de litio.

Hasta ahora, la extracción del litio y la producción del carbonato de litio —materia prima para las baterías— se hace mediante el proceso de piscinas de evaporación, sin embargo, el Gobierno anunció que el Consorcio Catl Brunp and Cmoc (CBC) implementará la tecnología de Extracción Directa de Litio (EDL).

“Hay muchas dudas con relación a los procesos que implican el cambio hacia el EDL. Una de esas dudas es que en el mundo, o hasta donde conocemos, no existe ninguna planta industrial de Extracción Directa de Litio que extraiga la cantidad o el volumen que Bolivia está planteando”, señala Campanini.

A ello se suma la preocupación que existe por los residuos químicos que deja este sistema de extracción. “Creemos que hay muchos riesgos con el EDL, aunque la publicidad dice que es más amigable en términos del uso de agua, sin embargo, en términos de residuos químicos nadie nos ha dicho nada”.

Campanini explica que existen cuatro o cinco formas de tecnología: la electrólisis, la captación por membranas, la ósmosis inversa y otras. Algunas se combinan y otras se utilizan solas. Pero cada tecnología EDL responde a un salar diferente, porque cada uno tiene diferentes características físico-químicas. “La salmuera no viene sola, sino que viene con magnesio, cadmio, plomo, cromo y muchas cosas más, entonces, si el EDL solo capta el litio, ¿qué pasa con los residuos?”, pregunta el investigador.

A Héctor Córdova, especialista en minería de la Fundación Jubileo, también le preocupa las consecuencias que pueda tener el uso de la tecnología EDL. “La fábrica de carbonato de litio genera muchos residuos químicos y todavía no hemos visto que hayan diseñado los depósitos en donde se albergará este material para no contaminar el medio ambiente. Van a ser cantidades grandes de  residuos que tienen que depositarse en algún lado”.

Si se utiliza la técnica de extracción directa del litio, la generación de residuos será totalmente distinta a lo que conocemos —agrega Córdova—, “y no han explicado cómo trabaja esta tecnología, qué impacto ambiental ha de tener, qué consumo de energía tendrá, porque ya no se trabajará con la energía solar que se usaba para la evaporación en las piscinas. Esta otra tecnología necesita energía directa que no es solar.”

Córdova menciona que las 15.000 toneladas de carbonato de litio al año que anunció el Gobierno generarán por lo menos 100.000 toneladas de residuos por año. “Eso debe ir a algún lugar. Seguramente antes de que empiece a funcionar la planta industrial van a construir los depósitos, pero aún no han comunicado qué se hará con esos residuos”, comenta.

El experto en minería también menciona que solo en Argentina se está usando la técnica de extracción directa de litio, pero que no se hace de manera industrial. “Ninguna opera a nivel industrial, en ninguna parte del mundo, solo está la extracción por resinas que se utiliza en Argentina, pero es de pequeña escala. Nosotros estamos observando si la tecnología que proponen los chinos es similar a la argentina para tener un parámetro de referencia”.

Marco Gandarillas, integrante del equipo de Latinoamérica Sustentable, señala que actualmente la producción de litio y en general de salmueras es una actividad que no cuenta con una normativa ambiental ni en Bolivia, ni en Chile, ni en Argentina. “Es una actividad relativamente nueva y muy compleja, cuyos impactos ambientales y sociales han sido poco estudiados. Cada proceso de extracción de litio demanda diferentes insumos y genera diversos tipos de residuos dependiendo de la técnica de producción utilizada”.

Gandarillas menciona que los salares son ecosistemas complejos y poco estudiados. “El agua que existe en los salares es clave para todo el ecosistema, y la explotación de salmueras, con la tecnología que sea, incluyendo la EDL, hace un uso masivo de agua. Hay muchos aspectos de la actividad del litio que son poco conocidos y que presentan riesgos”.

LA EXPLORACIÓN DE LOS SALARES

Además de la planta industrial que se está construyendo en el salar de Uyuni, existe un segundo proyecto de planta industrial en el salar de Coipasa y la propuesta de exploración en el salar de Pastos Grandes. La exploración no quedará en esos salares. Según el anuncio del presidente ejecutivo de YLB, Ramos Mamani, el Gobierno invertirá 26.940.898 bolivianos en el “Proyecto de exploración e investigación de los salares y lagunas de Bolivia”.

“Una parte muy importante de la industria es continuar los estudios exploratorios para determinar el área de interés. YLB tiene la custodia sobre todos los salares y lagunas saladas del país. En ese aspecto es responsabilidad de YLB ir realizando la exploración permanente de estos salares para determinar su potencial, determinar sus recursos y que, posteriormente, estos puedan ser industrializados”, dijo Ramos durante su exposición en abril.

En Bolivia hay 31 salares. El de Uyuni es el más grande, el de Coipasa es una tercera parte y los demás “son más pequeños, pero son de mejor calidad. Pastos Grandes es el de mejor calidad que tenemos en Bolivia”, asegura Córdova. “La exploración es mucha inversión y ahora estamos de verdad descapitalizados”, agrega.

Para Campanini, todo el plan de exploración está rodeado de mucha incertidumbre, sobre todo porque Bolivia no tiene certificadas sus reservas de litio, “solo tiene una cuantificación de sus recursos que ascienden a 21 millones de toneladas, pero sus reservas son cero, porque no las han certificado, no las ha contado”.

Las reservas certificadas son la cantidad de esos recursos que se pueden explotar y comercializar. “Ese trabajo —enfatiza Campanini— no se ha      hecho, entonces digamos ahorita todo lo que se está haciendo es sobre supuestos”.

En un informe elaborado por la Fundación Jubileo en 2021 se menciona que Bolivia, a pesar de ser el país con mayores recursos estimados de litio, no cuenta aún con reservas certificadas. En cambio, dice la publicación, Chile tiene la mayor cantidad de reservas registradas, seguido de Australia y Argentina.

UN MINERAL ESTRATÉGICO

Fernando Patzy, gerente de Región Andina del Natural Resource Governance Institute (NRGI), señala que el litio se considera estratégico porque es un insumo indispensable en la fabricación de baterías para los vehículos eléctricos y para otras tecnologías utilizadas en las energías solar y eólica.

El especialista explica que “14 millones de vehículos eléctricos se producirán en el 2023, que representan el 21% de la producción global. Además, en 2022 se estima que el mercado mundial produjo 600.000 toneladas de carbonato de litio. “Se espera que para el 2030 estas cifras se multipliquen por cuatro, es decir, que la demanda   global sea 2.400.000 toneladas. Al haber una gran demanda se espera también precios altos”.

Patzy también resalta que, en 2022, el precio del litio tuvo un “crecimiento inaudito”, pues durante muchos años estuvo entre 8.000 y 12.000 dólares la tonelada, pero el año pasado hubo momentos en que llegó a 70.000 dólares.

En este contexto, la producción de Bolivia aún es muy pequeña y no aparece en los registros de información en los que están países como Chile y Argentina. “Podríamos pensar que todavía es una producción marginal”, considera. La producción mundial de litio la lidera Australia, le siguen Chile, China y Argentina.

En Bolivia se tomó la decisión de que todo el aprovechamiento de los salares la realizaría la empresa estatal del litio YLB —explica Patzy— y, además, se propuso avanzar en la cadena de valor para producir baterías, un proyecto que lleva unos 12 años con una gran inversión de recursos públicos. Sin embargo, Bolivia aún no aparece en las estadísticas mundiales de exportador de litio.

El experto de NRGI menciona que se conoce muy poco del acuerdo al que se ha llegado con el consorcio chino. “No han trascendido más detalles de cuáles son las características del acuerdo, cuáles van a ser las inversiones, ni cómo será la participación de esta empresa con capitales chinos”, agrega. “Esta situación —apunta Patzy— nos pone en riesgos de quedarnos como proveedores de materias primas como ha sido hasta ahora nuestra historia”. l

Vía: Opinión

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