Los intocables de Arce

Los intocables de Arce

La configuración del gabinete de Luis Arce siempre ha tenido una configuración particular. De un lado, el círculo de confianza del propio presidente que maneja todo el aparato económico, desde los ministerios – Cusicanqui en Planificación y Montenegro en Economía – pasando por la Gestora de Pensiones con Jaime Durán y Mario Guillén, actualmente ejecutivo regional del Banco Interamericano de Desarrollo. Del otro, un equipo político formado a base de lealtades ocasionales y fichajes más o menos mediáticos, además de algunos recomendados que no dudaron en cambiarse de bando ni bien empezaron las hostilidades dentro del MAS, mientras que el esto vienen a ser los representantes de las organizaciones sociales, aparentemente de la mano de David Choquehuanca, y que como sucedió recientemente, sí pueden ser volteados de vez en cuando para dar oxígeno y generar equilibrios.

El equipo político es el que está llevando hoy por hoy todo el peso de las decisiones, incluso por encima del criterio del propio presidente Luis Arce, y un posible fracaso en el resultado del Congreso puede acabar con una purga de fondo, pues todos son de alguna forma responsables de la deriva.

Jorge Richter.– El vocero presidencial fue un fichaje genuino de Luis Arce luego de haber cubierto un rol importante durante el gobierno de Jeanine Áñez, pues fue de los pocos analistas que tomó partido claro por el relato del golpe y lo defendió en las principales televisiones representando la voz del MAS sin que en realidad estuviera cualificado para ello. Aún así, Arce lo reclutó para su propia oficina con el fin de que le ayudara a hilar el discurso y desde allí se acomodó alternando momentos de más actividad y otros de menos, sobre todo cuando se airearon sus vínculos con Manfred Reyes Villa y otros actores de la época de la democracia pactada. En las últimas semanas ha estado en el punto de mira por sus teorías sobre el fin de ciclo del Proceso de Cambio, pues incluso militantes arcistas se han visto atacados y confundidos con el planteamiento. Básicamente se le señala por infiltrado.

Eduardo del Castillo.- El ministro de Gobierno llegó al gabinete después de una carrera meteórica trepando en la interna de la mano de Adriana Salvatierra y Álvaro García Linera en la Asamblea, pero una vez en el trono no tardó en alinearse con Arce hasta convertirse en el ariete de confrontación con el evismo, sobre todo a cuenta de sus operaciones antinarcóticos. Desde el evismo le han llamado de todo, fundamentalmente operador de la DEA. Ha jugado un papel central en algunas operaciones, como en el arresto de Jeanine Áñez y Luis Fernando Camacho y la posterior represión de las protestas. Fue censurado con la suma de votos de CC y el evismo pero Arce decidió volver a nombrarlo oficializando la guerra entre bandos. Pocas semanas después reventó el caso Sebastián Marset, huido casi en flagrancia, haciéndole bajar mucho el perfil… pero sin retirarse. Del Castillo sigue ahí, tal vez un poco más discreto, pero sigue siendo enemigo declarado del evismo.

Iván Lima.- El ministro de Justicia tuvo al fin su gran oportunidad de figuración entrando al primer gabinete de Luis Arce después de una carrera de acercamiento permanente al poder, desde muy abajo y siempre ofreciendo soluciones leguleyas. A Lima lo nombró Evo en el TSJ para solucionar problemas y luego, se dice, fue el redactor del argumento del “derecho humano a la reelección”, pero todo cambia. Hoy está al frente de la estrategia jurídico electoral del bando de Luis Arce y es básicamente el que le ha puesto candados a Evo Morales para su candidatura y el que está orzando la desaparición de la sigla del MAS. Su estrategia se ha vuelto violenta – prorrogar jueces, eliminar vocales del TSE, suspender la elección judicial, forzar el fallo para legitimar el Congreso arcista – y eso ha hecho que esté en el punto de mira. Acusado de ser parte del Opus Dei, varios operadores del arcismo advierten que incluso eludiendo las primarias, para ganar la presidencia hacen falta los votos de todo el evismo.

Álvaro Ruíz.- Ruíz ingresó en política de la mano de Samuel Doria Medina postulando a la alcaldía de Uriondo que luego ganó con el Camino al Cambio de Mario Cossío. Durante el ejercicio del cargo, juró al MAS y de allí trepó por la AMT y la FAM. En ese organismo es en el que coincidió con Luis Arce en el tiempo en el que el exministro estaba apartado por enfermedad y necesitaba recursos para su tratamiento. Desde entonces se convirtió en su adalid, aunque se mantuvo también cerca de Evo, que lo eligió candidato en

 Tarija. Tras perder, fue reclutado para la sala de máquinas de la Presidencia, aunque en un puesto tan poco glamouroso como el viceministerio de Autonomías. Arce esperaba más de Ruíz y su equipo de estrategas, y aunque de vez en cuando carga con la réplica contra Evo Morales, su incidencia en moderada en el eje central y su cargo también podría estar en peligro.

Gabriela Alcón.- La periodista no dudó en dar el salto a la política cuando vio la oportunidad. Arce la colocó en el viceministerio de Comunicación, que pasa por formar parte también de la sala de máquinas de la Presidencia. Alcón se ha entregado al trabajo y gestiona bien con terceros además de haber contribuido a cierta modernización en los contenidos de los medios públicos. Por otro lado, le ha tocado más de una vez hacer de intérprete sobre declaraciones del ministro x, pero, sobre todo, del presidente, algo que no suele ser del agrado de las autoridades. Su cambio no tendría ningún efecto en lo político.

María Nela Prada.- Al frente de esa sala de máquinas está María Nela Prada, elegida personalmente por Luis Arce para darle un tono muy distinto al habitual a esa cartera vital y que durante años se asoció solo a Juan Ramón Quintana. Prada viene de familia política, concretamente conversa, y mujer, y desde Santa Cruz, por lo que carga con esos prejuicios entre las bases del MAS. Lo cierto es que su incidencia general es baja, aunque maneje el cuadro de impactos y esté presente en los momentos más relevantes. Probablemente es la más motivada de todos los que rodean a Arce, pero topa con demasiada frecuencia con el planteamiento conservador de la generación anterior, que sigue manejando el poder político. Su cabeza siempre está en riesgo porque su único respaldo es el presidente.

Edmundo Novillo.- Sin duda el ministro de Defensa es el menos visible de todos los ministros y uno de los que más mella ha dejado en la ruptura, pues fue apuesta personal de Evo Morales para diferentes cargos, especialmente para Cochabamba. Uno de los cargos más grises pero donde jugó un rol clave fue en la Unidad de Transparencia del Ministerio de Hidrocarburos, desde donde frenó el negociado de las perforadoras que le acabó costando el puesto a Guillermo Achá. Actualmente lidia con las logias militares y trata de que no se repitan los excesos del pasado. Su relevo sería más simbólico que efectivo y podría romper lo sanado con los militares.

Edgar Montaño.– El jefe intercultural hizo carrera desde Santa Cruz y tiene todo tipo de amarres con todo tipo de aliados, lo que le permite comportamientos excéntricos que no han sido afeados ni penalizados desde la presidencia, por el momento. Varios de los escándalos más sonrojantes se han dado en las entidades bajo su cargo: ABC, Nabol, BoA, etc., además de presentarse como el jefe de los “guerreros azules” con megáfono en mano en cualquier lugar donde haya cierto tumulto. Es la vieja guardia, pero la chacota puede pasarle factura en el corto plazo.

Más allá de las resoluciones del Congreso y lo que venga a suceder en la mesa del Tribunal Supremo Electoral, la estabilidad del equipo ministerial dará pistas sobre el futuro global del gobierno de Luis Arce. Tiempo al tiempo.

Via: El País

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